La poda de la vid es una técnica de cultivo cuyos objetivos son la lucha contra la acrotonía (característica vegetativa por la que la planta tiende a prolongar su crecimiento) para evitar el alargamiento y mantener una forma compatible con las prácticas de cultivo; limitar el número de yemas para obtener un vigor adecuado; limitar el número de bayas para obtener mayor calidad.

En el momento de podar, se debe elegir las maderas a conservar y el numero de yemas a dejar en la cepa teniendo en cuenta el vigor de la cepa actual y deseada y, el reparto de la carga para obtener una cosecha conveniente a nivel de rendimiento y calidad.

La poda alarga la vida de la vid debido a que todos los años se está renovando el material vegetativo, y asegura la cosecha de un año para otro.

Cuando la vid es joven, la poda determina la forma y el tipo de crecimiento, que varían según la región y la variedad. Se realiza durante los 3 primeros años y es denominada poda de formación.

A partir de ahí, cuando la vid ha adquirido su forma definitiva, las podas sirven para controlar el crecimiento, seleccionando y reduciendo los sarmientos y las yemas de cada año, para aumentar el rendimiento, la calidad y la resistencia a plagas. Esta poda es la de fructificación.

Esta última se realiza en seco, en invierno después de la caída de las hojas, cuando la planta se encuentra en reposo vegetativo, evitando las fuertes heladas donde los sarmientos son quebradizos. Se eliminan los sarmientos del año anterior y se recorta la madera de dos o más años.

Y en verde, si es necesario, solo si han crecido demasiado los brotes, para rebajar el rendimiento de la planta y obtener así una mejor calidad de las uvas.

Las cepas se forman según diversos sistemas de poda diferenciados por la disposición de tronco, brazos y madera de poda. Los más corrientes son la cepa simple, el abanico, en vaso y en cordón (donde hay un tronco del que una parte, dispuesta horizontalmente, eleva pulgares, varas o una poda mixta).

En Bodegas Naranjo nos decantamos por el sistema doble cordón Royat, porque los racimos se encuentran bien separados, aireados e iluminados. Repartimos las yemas en 6 pulgares (3 en cada brazo de la cepa). Cinco pulgares con una yema y un pulgar con dos, que irá variando cada año.

A lo largo de los años, hemos encontrado experiencias favorables y ningún impedimento para la realización de este sistema de poda a la hora de producir nuestros vinos con la mejor calidad.

Patricia Muñoz de Cuerva Imedio

Copropietaria e Ingeniera Agrícola.